Cielo, cielo... cielo-cielo, siempre vivo... siempre bello. Cielo azul, cielo perfecto cielo-trampa, verdad sin tiempo. Cielo negro, que me espantas; cielo oculto tras un velo. Que me miras, cielo, cielo no te ocultes de mi duelo.
Hace un rato me visitó una amiga. Mientras yo caminaba me acompañó. Me escuchó hablar. Mis lágrimas se confundían en su fresca tez. Me escuchó gritar, decir, llorar, y también me vió soñar. Dejó que me desahogara. Esperó pacientemente. Conoció los más profundos secretos de mi ser. Me escuchó decirle cuánto te amaba. Me escuchó cantar canciones a nuestro amor... Cuando al fin agotado, había dicho todo lo que podía decir,...
En este inmenso y solitario mar de gente me encuentro confundido entre la multitud anómima y anónimamente pienso un grito y miro al cielo contengo una lágrima, miro tu recuerdo. Veo tu semblante con una sonrisa suave, con una nostalgia periódica que nubla tus pensamientos... te miro satisfecha del amor, de nuestro amor y nuestro tiempo. Te pienso tranquila respirando con calma y enamorada después de una batalla llena de amor... Entonces...
Ayer te soñé. Vi la luna iluminar tu rostro hermoso y nocturna brisa acariciar con gozo tu extraña y sutil belleza, mujer. ¡Qué noche hermosa! Perfumada por tu aroma; el bosque abre paso ante tu hermoso andar y al arroyo que tu encanto conocer quisiera tu imagen regalas por un momento en pago por su canción